El siguiente vídeo se incluye únicamente para analizar y contrastar las afirmaciones que contiene con la documentación disponible y la opinión de especialistas.

Hay algo que el chavismo hace como nadie… cuando una política fracasa, cuando una obra falla o cuando una tragedia deja muertos, la culpa nunca es del Estado sino del ciudadano.

En los últimos días circula en las redes el vídeo del simpatizante del chavismo, Luis Díaz, conocido como «El chamo del pelo azul«. En él dice que habló con un obrero que, supuestamente, participó en la construcción de edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela. ¡¡¡Y esa es toda la prueba que aporta!!!

No entrevista a ese obrero, no dice quién es, no da un nombre, no enseña un documento ni una foto. Tampoco un plano o un manual. Nada. En el vídeo aparecen imágenes ilustrativas de un supuesto obrero y de un supuesto manual, aparentemente generadas con inteligencia artificial. En cualquier caso, no son fotografías del obrero al que dice haber entrevistado ni imágenes verificables del supuesto documento. Son recursos visuales, no pruebas. Simplemente cuenta una historia y con ella, termina culpando a los propios vecinos de los daños que han sufrido las viviendas.

Según él, cuando entregaban los apartamentos daban un manual que prohibía poner porcelanato, hacer cocinas de mampostería o instalar tanques de agua dentro de la vivienda porque los edificios eran ligeros, flexibles y estaban diseñados para soportar terremotos.

La historia le viene de maravilla, como anillo al dedo. El problema empieza cuando, en lugar de compartir el vídeo sin más, decides comprobar si eso es verdad. Porque las pruebas no aparecen.

¿Existe ese supuesto manual?

He dedicado tiempo a buscar documentación pública sobre ese supuesto manual de seguridad estructural.

Lo que sí he encontrado en internet es un documento titulado «Normas de convivencia y su reglamento para los desarrollos habitacionales de la Gran Misión Vivienda Venezuela».

Pero hay que aclarar algo importante: el texto disponible se presenta como un proyecto de normas de convivencia elaborado por el Movimiento Viviendo Venezolanos Hugo Chávez. No he podido comprobar que sea un documento oficial publicado por el Ministerio de Vivienda ni que haya sido aprobado y entregado en todos los urbanismos.

Además, no es un manual técnico de construcción. Es una propuesta de reglamento de convivencia que habla de organización vecinal, zonas comunes, derechos, obligaciones e infracciones.

En el texto aparecen distintas normas y prohibiciones de convivencia, pero no he encontrado las tres advertencias concretas que se atribuyen al supuesto manual:

  • Prohibido instalar porcelanato
  • Prohibido construir cocinas de mampostería
  • Prohibido colocar tanques de agua dentro de la vivienda

Tampoco he encontrado en ese documento límites de carga por vivienda, cálculos estructurales, planos ni una explicación que diga que las paredes estén diseñadas para desprenderse durante un terremoto.

¿Puede existir un reglamento interno de algún urbanismo concreto? Claro que puede, no lo dudo. ¿Eso demuestra que todos los propietarios recibieron ese famoso manual? No.

Y quien asegura que existía, es decir, Luis Díaz, lo tiene muy fácil. Que enseñe el documento completo, que diga de qué urbanismo es, quién lo elaboró, qué empresa construyó esos edificios y cuándo fue entregado ese supuesto manual. Porque decir «me lo contó un obrero» no convierte una historia en un hecho.

Lo que sí dicen los expertos

Mientras algunos en redes intentan echar toda la culpa a los vecinos, los especialistas están hablando de cosas muy distintas.

El ingeniero civil estructural Rubén Boroschek, profesor de la Universidad de Chile y especialista en ingeniería sísmica, explicó en una entrevista concedida a El País que la principal fuente de los daños observados hasta ese momento parecía ser un sistema estructural débil, junto con cerramientos, tabiques y fachadas muy frágiles.

También señaló que el suelo influye mucho en el comportamiento de los edificios. Al ser preguntado por la presencia de agua subterránea, explicó que podría convertirse en un problema si provocara la licuefacción del terreno y que, en ese caso, podrían ser necesarias soluciones como mejorar el suelo o utilizar pilotes.

Ahora bien, también hay que decirlo completo: Boroschek aclaró que no había inspeccionado personalmente los edificios y que su valoración era preliminar, basada en las imágenes disponibles mientras se esperaban inspecciones e informes técnicos más completos.

También advirtió que no basta con tener normas sísmicas si luego no se aplican y supervisan correctamente.

Además recordó algo que es de sentido común: un edificio no depende solo de cómo se construye. También depende del terreno sobre el que se levanta.

Si el suelo presenta problemas, no basta con construir encima. Es necesario estudiarlo y diseñar una cimentación adecuada. En algunos casos eso implica recurrir a soluciones específicas, como la mejora del terreno o el uso de pilotes.

Por eso, antes de señalar un porcelanato o una cocina como responsables de un colapso, hacen falta estudios geotécnicos, cálculos estructurales e informes periciales. No basta con un vídeo en redes sociales.

Una aclaración importante

También conviene desmontar otra idea que se está repitiendo mucho.

Que una vivienda tenga paredes ligeras no significa que esté mal construida. Hay sistemas modernos que utilizan paneles ligeros y funcionan perfectamente en zonas sísmicas.

Que una pared sea ligera no es, por sí solo, el problema. Lo importante es que el sistema haya sido correctamente diseñado y ejecutado, que los materiales sean adecuados y que la cimentación responda a las condiciones del terreno. Y eso no se demuestra con un vídeo de TikTok o YouTube. Se demuestra con inspecciones, cálculos e informes técnicos.

Si la culpa fue de los vecinos…

Si de verdad los daños se produjeron porque los propietarios pusieron tanques de agua, cambiaron el suelo o hicieron cocinas demasiado pesadas, demostrarlo debería ser facilísimo.

Bastaría con publicar:

  • Los estudios geotécnicos.
  • Los proyectos estructurales.
  • Los cálculos de carga.
  • Los informes periciales.
  • Las inspecciones realizadas después del desastre.
  • Y, por supuesto, ese supuesto manual del que tanto habla, pero que él no ha mostrado en el vídeo ni ha aportado como prueba.

Mientras esos documentos no aparezcan, culpar a los vecinos no deja de ser una afirmación sin pruebas.

Conclusión

Lo más llamativo de todo esto no es el vídeo. Lo más llamativo es la velocidad con la que algunos salen a quitarle la responsabilidad al Estado para ponerla sobre quienes recibieron unas viviendas construidas y entregadas por ese mismo Estado.

Cuando algo sale bien, el mérito es del Gobierno. Cuando algo sale mal, el culpable siempre termina siendo el ciudadano. Y eso no es una explicación técnica sino una estrategia política.

Los edificios no se analizan con consignas. Se analizan con planos, cálculos, estudios del terreno, ensayos de materiales e informes periciales. Todo lo demás son historias. Y aunque Luis Díaz las repita muchas veces delante de una cámara, nunca sustituirán una prueba.

Y termino con un reto directo a Luis Díaz, El chamo del pelo azul: Si ese manual existe, publícalo completo.

No una captura cortada, no un audio, no otro vídeo hablando tú solo. El documento entero, con fecha, organismo responsable, urbanismo al que pertenece y prueba de que fue entregado a los propietarios.

Si también existen informes técnicos que demuestren que los daños fueron causados por el porcelanato, las cocinas de mampostería o los tanques de agua, publícalos.

Eso sería una prueba. Mientras no aparezca nada de eso, lo tuyo no pasa de ser habladera delante de una cámara. Y hablar mucho no convierte una tontería en verdad.

Fuentes

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